¿También habrá cuarta revolución en la Cultura?

En Artículos por Susan Crowley

La cuarta revolución de México, emblema del cambio prometido por AMLO nos ha colocado en la posibilidad, como observadores de la cultura, de reflexionar, valorar y por qué no, anhelar lo que queremos ver en México para los siguientes seis años.

La recién nacida Secretaría Cultura surgió con muchos problemas. Si bien es cierto que al separarse del sector educación ganó un sitio prominente en el gobierno mexicano, por otro lado su estructura creció desmedidamente, los sindicatos se duplicaron y el presupuesto que se le otorgó resultó raquítico. La cultura obviamente no ha sido prioridad durante varios sexenios. Al margen de si merece o no un estatuto de ministerio, lo importante es discutir a fondo el papel que juega y su importancia en las políticas públicas de este país.

Para Rafael Tovar y de Teresa, quien claramente deseaba pasar a la historia como un André Malraux (artífice de la cultura francesa), el arte era el centro del que abrevaba todo lo demás. El esfuerzo por convertir un tentáculo de la Secretaría de Educación en órgano independiente fue su gran mérito en la administración de Enrique Peña Nieto. Por fortuna para él, este proyecto coincidió con uno de los cambios económicos más significativos en nuestro país, para bien y para mal, el TLC. Nuestra entrada a la globalización representaba una fuerte competencia y ofrecer los intangibles (cultura, valores, historia etc.) como garantía, se volvió una urgencia. El CNA (Centro Nacional para la Cultura y las Artes), las becas del Fonca y el apoyo a creadores, entre otras inversiones del Estado, promovieron el desarrollo y encausaron a una minoría entre las nuevas generaciones. Así inició una nueva idea sobre la promoción del arte. Pero muchos años atrás, los movimientos contemporáneos habían surgido en Estados Unidos y algunas partes de Europa y ya llevaban varia generaciones en ello; nuestro país se abriría a esta nueva visión tardíamente y sobre todo, gracias a los artistas que salieron de México. La frase obligada a principios de los noventa era “Lo mejor de México es irse de México”. Una generación completa buscó en el extranjero las posibilidades que no tenía aquí.

A pesar del incipiente proyecto de cultura de Tovar, las nuevas generaciones tardaron mucho en ser escuchadas. Si bien los egresados de las facultades de artes visuales pueden ahora solicitar la beca del Fonca, también es cierto que muchos quedan fuera. Desde su inicio el sistema fue insuficiente. Más grave, los artistas apoyados no tienen recursos para exponer sus logros de años de investigación y trabajo. No hay suficientes espacios, ni un presupuesto destinado a dar continuidad para que los becarios expongan una vez terminado su periodo de aprendizaje. Literalmente se quedan en el limbo. Me parece que el problema de Tovar fue que no se involucró lo suficiente con el tema de los jóvenes. Como buen aristócrata de la cultura amaba la historia y era una romántico apasionado del arte y de la música hasta el siglo XIX, pero los cambios del XX no lo entusiasmaban. No le interesaron jamás los artistas emergentes. Esta situación empeoró con la ineficacia de la Secretaría de Educación: no hay educación artística a nivel básico en México, punto. Pero tampoco preocupó a Tovar el panorama de las culturas populares ni los innumerables grupos aislados, sin duda, lo mejor de nosotros. Los modelos económicos del TLC prácticamente no tomaron en cuenta a esas culturas lejanas. Poco a poco, por exceso de burocracia y por la falta de presupuesto, se ha ido empobreciendo el horizonte cultural. Muchas voces, la mayoría de jóvenes y comunidades ancestrales, están sumidas en el olvido.

El verdadero patrimonio cultural de nuestras comunidades se encuentra entreverado con niveles de pobreza absoluta. Paradójicamente, los lugares con mayor tradición cultural son los más aislados. En ellos ha crecido el crimen organizado, la trata de personas, el abuso de menores, la frustración de sueños, la inercia y la mediocridad. Con el TLC y sus tratados comerciales, México se inundó de productos que imitan la artesanía y nuestros productores se fueron empobreciendo y ahora muchos de ellos prefieren ser intermediarios. Es una ironía, pero cada vez es más difícil encontrar arte popular y artesanía mexicana. Lo mismo ha pasado con mucho de nuestro patrimonio, sabemos que lo tenemos pero poco hacemos para defenderlo y preservarlo. Y pasa con los jóvenes artistas.

Viene una nueva oportunidad. Una de las decisiones valiosas de Tovar, que las tuvo, fue nombrar a Alejandra Frausto parte de su equipo y encargarla de promover las culturas populares de México. Pocas personas conocen el entramado de ese universo tan lleno de claroscuros. Ahora que ha sido designada ministra de cultura por parte de AMLO, la comunidad artística se pregunta si tendrá el perfil y la habilidad para hacerse cargo de los muchos desafíos que entraña la cultura en este país.

Hasta donde sé, parece interesada en escuchar a los jóvenes, algo fundamental para desmarcarse de la política anterior. Está consciente de la cantidad de gremios que hay en México: Artes visuales, cine, danza, teatro, música, editoriales, arquitectura, gastronomía, diseño entre otros. Los valores locales hoy, contrario a la idea del TLC, son las voces más promovidas de la cultura en muchos otros países. Lo que ocurre en un espacio aislado, desprotegido, íntimo, lo que pareciera solo importar a unos cuantos, pesa y es ejemplo de una vida que puede ser paralela a cualquiera de nosotros, en cualquier sitio.

Los tiempos de la globalización dan paso a los de la post colonización, el mundo quiere ver ese talento regional y está dispuesto a pagar por ello, a valorarlo, ¿qué esperamos en México para sacar lo mejor que tenemos y mostrarlo?.

Las bellas artes son fundamentales y financiar centros culturales y a la educación artística es necesario. Urge apoyar esas tareas en vez de construir museos ostentosos para el lucimiento de un gobernador lo cual constituye un dispendio imperdonable. Se requiere apoyar nuevas ideas más allá de los planes a corto plazo y sin trascendencia.

El programa de Alejandra para la secretaría abarca muchísimos temas, solo por citar algunos: modificar y crear incentivos fiscales para artistas y coleccionistas, reaprovechar la infraestructura (edificios, espacios) que se dañó con el temblor y puede ser restaurada y convertirse en espacios regionales para la promoción de la cultura; abrir talleres, promover los oficios.

Los Pinos se transformará en un centro cultural. Recordemos que fue creado por el presidente Cárdenas con la intención de salirse del castillo de Chapultepec. Era un minúsculo espacio que abarcaba el rancho de la hormiga. Con los años, los presidentes fueron adueñándose de los terrenos contiguos y ahora es un monstruo que bloquea por completo las vialidades de la zona, solo por mencionar uno de sus problemas. Reaprovechar sus edificios para residencias artísticas, teatros, foros, etc; será en beneficio de todos. Yo agregaría impulsar las escuelas de arte de los estados para que compitan entre sí, nombrar al mejor artista en las diferentes disciplinas y apoyarlo en sus proyectos, crear un museo de arte contemporáneo y pedir a cada artista una obra en donación como pago por especie y de esa manera generar un acerbo para nuestro país por solo comentar algunas ideas.

Tovar era un aristócrata de la cultura, pero nunca se internó en ese otro México, no supo verlo, no le interesó. Frausto conoce el otro lado de nuestro país como pocas personas. Su labor será lograr que la cultura, más que la infraestructura, sea una visión que incluya a sus múltiples componentes: Bellas Artes, etnias, lenguas, patrimonio, pueblos mágicos, espacios culturales, zonas arqueológicas, zonas económicas en potencia, sindicatos, talento diverso, educación, etcétera. En síntesis, valorar lo bueno que tenemos y acabar con la frustración de la mayoría que no se ha visto beneficiada aún.

Esperemos que las carencias de Tovar en materia de cultura popular sean subsanadas por Frausto y su vasta experiencia en estos temas. Pero también es cierto que será deseable que las fortalezas de Tovar no queden soslayadas: Las Bellas Artes, la producción intelectual y artística competitiva a escala internacional, la alimentación de las vanguardias con la necesaria sofisticación intelectual que requiere un país como el nuestro. Ya sufrimos con Echeverría y su mujer la “folclorización” de la cultura. O como decían sus críticos la transformación del palacio de las Bellas Artes en “El Blanquito”. Cada cosa en su sitio y con su importancia: Desarrollo de la cultura popular sin menoscabo de la producción y difusión artística de lo más elevado del arte.

La cultura no es Tovar y no es Frausto, es México. En nuestro país triunfamos cada uno de nosotros con nuestro voto; decidimos que la cuarta transformación era sobretodo cultural, colectiva, que no hay que inventarla, solo escucharla. Queremos lo mejor de los dos mundos, nos lo merecemos. Alejandra, estaremos atentos.

Fuente: Sin Embargo

Palacio de Bellas Artes, en CdMx. Foto: Cuartoscuro.