Punto y Aparte: Recent Papers

En Artículos por Susan Crowley

O make me a mask*
Dylan Thomas

Cuerpos atléticos, expresión de juventud y poder, ideal de belleza. Rostros que no permiten el paso del tiempo, imágenes que revelan grandiosidad, éxito. Secuencias que invitan a experimentar el placer visual, casi un aroma, la leve melodía eco de un jazz adaptado al “pop” que no molesta y permite una amena conversación, no demasiado profunda. Atmósfera cuyo referente muy bien puede ser un aparador de Madison Avenue. Realidades, en fin, a las que sería imposible no aspirar. Nada contempla el azar, no existe ni la más mínima intención de improvisar, hasta la libertad con la que se desplaza una acción, en cada fotografía, está atrapada en la forma, una forma que nos garantiza el “paraíso” para el que se ha pagado a perpetuidad, a plazo fijo y con amigables y oportunos descuentos de temporada. Esta es la imagen de hoy, iconografía del mundo que hemos creado, suma de un esfuerzo constante, triunfo del estilo que gana adeptos a su causa día a día. Como recompensa, la imagen reflejada en un espejo de perfección: máscara que oculta el vacío, no hay nada por develar. Punto y aparte.

La historia del arte ha llenado capítulos completos en sus enciclopedias en los que habla de la forma y la armonía en equilibrio, igualándolas al Bien y Verdad, Ideal de la Belleza clásica. Las estructuras formales han permitido que esa “belleza” se sostenga y evolucione a través de los tiempos hasta convertirse en un acto de consumo. Un papel más entre tantos otros, ideal repartible, coleccionable y desechable, enviado puntualmente, con el perfecto diseño, colores brillantes e impecable impresión. Así, página tras página se tejen las fantasías de “poder” y “libertad” tan anhelados. De inmediato, derecho de entrada a un ámbito de confort y consumo que hoy, convenientemente, llamamos catálogos de moda. Repartidos de casa en casa, funcionan como estímulo al compromiso con la felicidad consumada en una máscara que representa el tedio con los accesorios perfectos. Apariencia, imagen, Personae, culto que construye un mundo de ilusión pero que también ha sido sujeto de críticas a su estructura. A los ojos de un agudo observador ofrece algo más que los tan manidos clichés de sus adversarios. Es el caso del trabajo de Luis Alonzo (México, 1970) cuya intención es crear una fenomenología que rebase el juicio y permita horadar en distintos niveles de reflexión. Tomar esas imágenes y, sin estigmatizarlas, poner un punto y aparte. Tomar su fría y temporal duración para llevarlas al ámbito artístico y ofrecer una posible redención. Improvisar.

Según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española, el término improvisar significa “hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación”, tal vez romper la forma, retar la belleza aparente a riesgo de quebrantarla. Destruir la imagen, y así permitirle nuevas lecturas.

El trabajo de Alonzo utilizando el collage en papel, la intervención con tinta china, los objetos encontrados (en este caso imágenes de distintos catálogos de moda) y la música de Miles Davis, ha sido concebido a partir de dos premisas: La belleza inanimada, paradigma del mundo contemporáneo y su posible entelequia, en yuxtaposición al acto libre de la intervención, destruyendo y generando ciertos estados incómodos en los que el espectador es sometido al acto puro, provocando que la posible belleza emerja del accidente controlado. Solo por el azar. Improvisación que construye.

En la creación de cada una de estás imágenes, el artista se ha dejado invadir por las notas improvisadas de Miles como ejercicio performático, deconstrucción cuyo logro final se refleja en la generación de nuevos y efímeros espacios, afán de fusión y liberación. Al mismo tiempo, creación de una atmósfera íntima donde la lírica juega con el tiempo y, cada nota, punto o imagen son llevadas al límite, casi destruidas, permitiendo una nueva construcción. El cambio constante, el punto y aparte como final o inicio desvela un tiempo posible, Miles lo sabía, Luis Alonzo lo plasma en sus recent papers; como él mismo lo menciona, rompiendo los clichés de la imagen, y utilizando la reproducción como medio para permitir un nuevo concepto de lo original”. La única manera de poder llegar a la improvisación es a través de un conocimiento profundo de la forma, especialmente en los momentos de mayor riesgo. La verdadera belleza puede ser solo si en ella se contiene la destrucción y la posibilidad de llevar las formas lejos. En su trabajo Luis Alonzo se pregunta constantemente sobre esta destrucción-construcción, la respuesta es siempre una ironía: Belleza idealizada versus improvisación. Jugársela por el cambio permanente parece ser la conclusión, en el caso de Miles se plasma en una de sus legendarias entrevistas a con una conocida periodista norteamericana cuando fue cuestionado acerca de su trascendencia en el mundo de la música: «Yo he cambiado la música cuatro o cinco veces. ¿Qué ha hecho usted de importancia aparte de ser blanca?»**. en el caso de Luis se da con la serie exhibida hoy.

*Título del poema de Dylan Thomas utilizado por Julio Cortazar como epígrafe en su relato “El perseguidor”, Alfaguara, CUENTOS COMPLETOS/1. 1966 Julio Cortazar.

** The Autobiography MILES DAVIS with Quincy Troupe, pág. 123.