Cy Twombly

En Artículos por Susan Crowley

Museo Jumex, julio 2014, 8:00pm

Un lienzo vacío se presenta como espacio dispuesto. Sobre la mesa, lápices con la punta bien afilada, óleos y acrílicos, grafitos y carbones, tintas chinas, acuarelas, pigmentos naturales, ceras. En latas y tubos, la textura a punto de ser mostrada; en el piso, botes que desbordan blanco y negro, colores líquidos, chocan unos con otros, una vez unidos, crearán armonías nunca imaginadas, imposibles de repetir, incalculables en su gesto. Cy Twombly, el artista frente a la página en blanco. En este sitio todo puede ser, el pensamiento ronda las imágenes: Leda y el cisne, Marte, Orfeo, La Ileada… las manos no evocan, invocan; los dioses y personajes mitológicos revolotean esperando encontrar su espacio, no es una alegoría, es metáfora del inicio. La obra de TW, como lo llamaban su amigos, pareciera no escapar a la vorágine del consumo, sus precios suben de forma desorbitada, con el solo golpe de un martillo. El mundo del arte, que hoy lo ha elevado al nivel de genio, alguna vez rechazó su obra, no la comprendía, ¿dónde colocar a un artista que abreva del expresionismo abstracto cuando la moda neoyorkina había empezado a olvidarse de aquel movimiento? Rothko, Pollock, De Kooning, ya eran historia; una galería de prestigio en Nueva York hubiera considerado fuera de lugar exhibir drippings, rayones y manchas inexplicables. El mundo del arte que juzga, adquiere, hace y deshace a un artista y a su obra, se había volcado en el nuevo lenguaje “minimal”, nada más lejano a TW.

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